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Foto del escritor: CHA.MULTI
CHA.MULTI
21 sept 2020
3 min de lectura

Luego de una semana de separación definitiva, tengo dentro un zapping de sentimientos, los canales van mostrando distintos géneros de ficción con distancia de microsegundos, drama, suspenso, comedia, solo que es muy real y crudo.

Desolación, entusiasmo, vacío, desgano, evasión, llanto, tristeza, alivio, amor propio, ansiedad, autodestrucción, angustia oral, dolores musculares nerviosos, compra compulsiva, asco por todo, bronca, dispersión, emoción, tristeza, vacío, alivio otra vez y así va rotando intermitentemente, en distinto orden, con más o menos intensidad, según el día, según las experiencias, según los otros, según el clima.

Quiero hacer de todo y nada al mismo tiempo, me acuerdo de lo que me dijo mi psicóloga: “si no sabes que hacer, no hagas nada”, luego se me viene otra palabra de la terapia que calma mi ansiedad por algunos segundos: “TIEMPO”, tan compleja y simple a la vez, compleja por lo que puede implicar en cada situación y simple porque transcurre y siempre de la misma forma, aunque nuestras percepciones lo alteren, él siempre está impecable, inimputable, inmutable.

La transformación me está poseyendo, soy consiente como nunca de que todo lo que estoy viviendo es transitorio, y por eso no intento acelerar, porque ya aprendí que cuando hago eso termino por retrasarlo aún más. Me entrego a éste proceso tratando de encontrar el límite entre transitarlo y caer en él sin control. Por ahora sigue habiendo una parte de mí que se puede despegar un poquito de mi cuerpo, observarme de afuera y ver con claridad.

Estoy entrando levemente en esa etapa de acordarme de todos los buenos momentos, para dar lugar al dominante miedo de no poder encontrar algo tan acorde a mí jamás, algo sano y que me tenga anonadada. Miro alrededor y empiezo a sentir que todos se acomodan donde tienen que estar y yo sigo dando vueltas en eje, como perdida, pero luego recuerdo que esto ya me pasó y es solo una percepción lógica y necesaria para mi transformación. Vuelvo a pensar y me repito que siempre puede haber algo acorde a mí, al “yo” que soy hoy, que ya no es el mismo que fui hace poco más de dos años. Lo que en aquel entonces era complejo pero atrapante lleno de novedad que tiñe de brillo, hoy ya solo es complejo y tedioso, agotador, que se consume toda mi identidad, mi luz más nítida y me quedo a oscuras, sin ver ningún camino posible, todo borroso. Entiendo que está bien que no pueda fantasear ni proyectar, como no pude antes imaginar donde estoy ahora, no estaba ni en mis más remotos planes, solo en mis deseos confusos y enardecidos.

Pienso en los detalles y me brillan los ojitos, los personajes de reparto son la magia de las películas, los que abren pequeñas puertas invisibles en el momento de su aparición, pero que después revelan todo un nuevo matiz, un nuevo sendero, y por más fugaz que sea su paso por nuestras vidas, son los que más nos marcan, los que calan hondo en nuestros mares y a veces mutan en personajes protagonistas.

También recuerdo ese sentimiento anterior de entrega y piloto automático que me trajo hasta acá, confiar en mí nunca me salió mal, valorar verdaderamente lo que tengo y disfrutarlo aquí y ahora, ni sospecho lo que puede traerme cada momento, cada persona, cada micromundo por el que viajo.

TIEMPO PERDIDO son palabras que me atormentan, con fuerza las empujo fuera de mi visión y aparece en su reemplazo: “APRENDIZAJE”, de la mano de “causa-consecuencia”. Cada pequeña cosita me lleva a otra que necesitaba, y que no podían ser una sin la otra. Comienza un nuevo juego de dominó. Respiro hondo, levanto la cabeza y abro mi pecho para todo lo que venga.

 
 
 
Foto del escritor: CHA.MULTI
CHA.MULTI
8 oct 2024
2 min de lectura

¿Qué me genera el deseo? Es una idea o es la forma en la que se me presenta, la psicología inversa, la idealización, esas son las formas enroscadas y controversiales en las que cobra vida mi deseo. Sea lo que sea, si se materializa así, lo quiero. ¿Cómo hacer para desenmascararlo y redireccionarlo hacia algo más real y sano? El doble filo de la magia, la adrenalina y la falta de verdad que no se si siempre se puede llamar mentira., el ilusionismo que pierde consistencia en la profundidad necesaria para amar, para sentirse vivo por más tiempo que unos segundos, unos minutos o unas horas.

La crudeza de la verdad toma el camino inverso a la magia, es incómoda y hasta dolorosa al principio, pero se va volviendo parte de nosotros tan intrínseca que ya no podemos desprendernos, hasta no poder ser ni hacer sin ella. Lo artificial, lo falso ser torna luminoso y ruidoso como una sirena de ambulancia ante la que te corres a gran velocidad para siga de largo, deje de perturbarte y llegue a destino de otro que la necesita.

No hay verdad indolora, porque para enfrentarla hay que dejar de idealizar eso que nunca es como lo imaginamos, solo existe en nuestra mente y ni siquiera podemos ponerlo en palabras. La verdad implica perder eso múltiples veces, repetidos duelos recordatorios que te arrancan del escape y en forma de circulo te ponen en el lugar inicial que te espantó todas las veces que sean necesarias hasta que dejes de huir. Después el dolor se queda tranquilo, y ya no molesta porque dejaste de ignorarlo, lo miraste a los ojos y lo abrazaste. Dejó de ser tu enemigo y tu asechador para ser tu compañero de aventuras que te aconseja, te cuida, te perdona y te incentiva a seguir, recordándote que sin él no podrías disfrutar tanto de reír, de bailar y del querer. Te dice al oído " soy necesario para para todas esas lindas experiencias que están por venir"

Cuando el dolor deja de ser invisible y es tu aliado no hay nada que no puedas enfrentar, el miedo solo aparece en su medida justa para cuidarnos y alejarnos de ese dolor que si es innecesario.

 
 
 
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CHA.MULTI
12 may 2024
1 min de lectura

El tiempo muerto está mal nombrado, porque la muerte no tiene conciencia.

El tiempo no productivo, solo de reflexión, tampoco es muerto, es vivo pero inútil en términos capitalistas. Entonces ¿por qué le decimos “tiempo muerto”? Porque todo lo que no produce o no tiene testigos (que quizá en algún punto es lo mismo) no existe en la sociedad de hoy (y quizá de siempre solo que ahora los testigos pueden ser digitales y antes solo presenciales).

Acá tenemos el argumento más claro de porqué se crearon las redes sociales, para saciar esa sed de testigos que por un microsegundo nos hace sentir más vivos y después nos deja a la merced de la pulsión de muerte más cruda, la que se alimenta de nuestra negación ante los demás y a veces ante nosotros mismos, en el más grave de los casos. Esa sensación de eliminar los mal llamados “tiempos muertos” mediante testigos, conversaciones vacías y realidades imaginarias. Pero cuando estamos en soledad nos damos cuenta de que esa negación es la que huele a verdadera muerte, porque es la negación de lo que está vivo en nosotros, de lo que pide a gritos latir, respirar y ser identidad terrenal.

Entonces pienso, esos vacíos que todos sentimos y no podemos explicar (por lo tanto no hay testigos) ¿son vida o son muerte? Son ambas, porque son dos caras de la misma moneda, no existe una sin la otra, se definen por oposición y por complemento.

 
 
 
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